Si tan solo pudiéramos vernos

Me detuve ante el semáforo en rojo. A través del retrovisor vi a la señora a la que acababa de cederle paso. El semáforo dio verde, todos arrancamos, vi como la señora sacaba su mano para pedir vía y cruzar a la izquierda, yo seguía detrás de ella en el carril auxiliar de la Reforma. Nos detuvo un Alto a las dos. Vi como subía su ventana y seguía de largo mientras yo cruzaba a la derecha, me detuvo otra luz roja, el camino a mi trabajo está lleno de semáforos que me dan segundos para ver a mi alrededor.

Observé a la joven con bebé en brazos que pide dinero, creo que es joven, sólo que se mira más grande de lo que en realidad es, detuve mi vista en los carros a mi alrededor y me percaté que no podía ver a los conductores ni a los copilotos estando tan cerca de mi.

Continué mi camino poniendo atención a los carros que pasaban a mi lado, la mayoría tenemos vidrios polarizados, y es que la inseguridad y paranoia de este país ya no nos deja ver a los que están cerca de nosotros, mantenemos los vidrios arriba por el motorista que pasa a nuestro lado y nos puede asaltar, polarizamos los vidrios para que no nos vean, para que no sepan quien va dentro del carro, si vamos solas o acompañadas.

¿Cuántas sonrisas  hemos perdido manejando en esta ciudad?… si tan sólo pudiéramos vernos.

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